viernes, 23 de noviembre de 2012

En primera persona

Cómo vivió una familia la experiencia de ayudar a una escuela rural

Hay un secreto en el ayudar: hace bien. Reconforta, engrandece, concientiza. Aquí compartimos el relato que hace Florencia Quinteros, una joven profesional que junto a su familia tomó contacto, a través del Programa de Ayuda a la Comunidad Escolar Rural, con una escuela rural, brindando su tiempo, conocimiento y afecto a los chicos. No se trató sólo de llevar donaciones (que, por otra parte, son más que bien recibidas); se comprometió de corazón, y descubrió que en ese rincón del país muchas personas se quedaron esperando su regreso.

Esta acción se concretó gracias al vínculo que establecimos con alumnos, padres y directivos del colegio, a través del programa, e invitamos a quienes deseen repetir la experiencia a contactarse con nosotros.

A continuación, el relato de Florencia: “el día viernes 17 de Agosto de 2012, Victoria, su hijo Lautaro, Sebastián y yo emprendimos viaje a Santa Lucía. Meses antes comenzamos la recolección de ropa, juguetes, calzados, pinturas, una computadora y demás elementos para donar a la Escuela Primaria Rural Nro. 426 “Prof. Francisco G. Sudría” en Puerto Viejo, Lavalle, como también para los niños de Santa Lucía y los habitantes de la Isla Guaycurú. Gracias a la colaboración de familiares, amigos, compañeros de trabajo y demás, logramos juntar más de 20 cajas entre ropa, calzados, juguetes y alimentos, más de 20 litros de pintura y hasta una bicicleta para niños, a fin de sortearla en un Festival con motivo del Día del Niño”.


“Llegamos el sábado 18 a la mañana, recorrimos la ciudad, dimos una entrevista en la radio local, donde nos presentamos y anunciamos el festival que se haría esa tarde en el predio de la Capilla del pueblo. Esa tarde, un montón de niños nos esperaban en el predio. Organizamos juegos, les enseñamos a hacer pulseras, compartimos chocolatada con facturas, sorteamos los juguetes y finalmente la bicicleta. Los niños nos recibieron con mucho cariño y alegría, y eso fue lo más importante para nosotros”, continuó.

“La semana siguiente, organizamos unas jornadas educativas en el colegio Secundario ‘Maestro Daisaku Ikeda’, donde di charlas sobre Arquitectura Bioambiental. Por un lado, cómo, mediante el diseño básico de una vivienda y la utilización de recursos tales como la orientación, vegetación, vientos, materiales y color, se puede hacer un uso eficiente de la energía. Y por el otro, explicar la construcción casera y utilización de sistemas solares pasivos (colectores solares, muros trombe, etc). Se realizaron actividades con los alumnos de cada nivel, quienes realizaron planos, maquetas, y construyeron un colector solar”, detalló Florencia.

Durante su estadía, cruzó el Paraná hacia la Isla Guaycurú, donde entregó ropa a las familias que allí viven, y visitó la escuela rural, a la que llevó pintura y una computadora, y realizó un relevamiento de los espacios exteriores para confeccionar un plano de anteproyecto de un futuro comedor escolar, tan necesitado en el Establecimiento.

“Esta fue una experiencia maravillosa, tanto así que un mes después, volví a Santa Lucia con Sebastián y mi hermana Romina, psicopedagoga, a visitar a nuestros nuevos amigos. Nuestro destino principal fue la Isla Guaycurú, donde llevamos más ropa y material didáctico para trabajar con los niños, en una jornada que realizamos en el predio de la enfermería. Y también asistimos a la fiesta de la Primavera que se realizó en la escuela de la Isla. No he perdido el contacto con las personas que conocí en mi viaje, y queda pendiente la vuelta, apenas sean favorables las condiciones”, confirmó.

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