jueves, 8 de noviembre de 2007

El trabajo rural de los Adolescentes en el Extremo Austral de la Yunga

La historia de Jorge

¿Qué es la Yunga?
Al este de Catamarca se encuentra el Departamento Santa Rosa que tiene dos intendencias: la del Bañado de Ovanta, al este y la de Los Altos, al oeste. En esta última intendencia hay dos pequeños pueblos llamados Manantiales y Alijilán que, en conjunto, no llegan a 2500 habitantes. En Alijilán culmina la selva Tucumano Oranense, más conocida como La Yunga. Como el clima es subtropical serrano con estación seca, tienen condiciones aptas para el cultivo de hortalizas, cítricos, frutas tropicales, tabaco, soja, cereales y oleaginosas.

En las localidades de Manantiales y Aliján las familias que trabajan en tareas rurales no alcanzan un mínimo nivel de subsistencia. El 40% no tiene una alimentación adecuada, ni prestaciones de salud y habitan viviendas con más de tres personas por cuarto. Esto hace que los jóvenes, desde adolescentes, deban salir a trabajar. Y tienen distintos oficios. Algunos trabajan en albañilería, otros en comercios, las chicas como niñeras. Pero la gran mayoría, varones y mujeres, trabajan en actividades agrícolas en los cercos. Allí realizan tareas de riego, siembra, transplantes, aporques, abonados, desmalezados, pulverizaciones a mochila y cosecha manual. También en el cuidado de animales vacunos.

Jorge, un adolescente de La Yunga
Jorge Aguilar es un adolescente de 17 años que vive en la localidad de Manantiales, a 90 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca. No tiene madre. Vive con sus hermanos y su padre, que trabaja por jornal de acuerdo a la cosecha de estación de la zona: chaucha, cebolla, papa, citrus, tabaco. No tienen obra social. Y reciben la caja Pro-Familia, una vez al mes.
Jorge cursa el segundo año del Polimodal pero trabaja, al igual que muchos adolescentes de su localidad y del departamento de Santa Rosa.

Jorge, ¿Desde qué edad vos trabajas?
Desde hace nueve años tuve que salir a trabajar por necesidad, para vestirme, para poder ir a la escuela que está a cinco kilómetros de mi pueblo y también para solventar los gastos de mi familia.

¿Lo que te pagan te alcanza para cubrir los gastos de alimentación?
Me pagan veinte pesos por día. Pero no trabajo todo el año. Trabajo los fines de semana y, a veces, durante la semana, de acuerdo a la época de la cosecha o a mis necesidades. No alcanza, pero tratamos de hacer una sola comida por día, un puchero o salchichas con huevo o sopa. A la mañana tomo mate cocido y a la tarde, si alcanza, también mate cocido. Lo más caro es la carne, así que tratamos de consumirla poco. La leche y las frutas no las conocemos. Lo que me salva algunas veces en el trabajo, es cuando cosechamos algunas verduras y frutas, como naranjas y mandarinas, que puedo llevar a la casa.

¿Cómo haces para comprar los medicamentos cuando te enfermas?
Mira, no tengo muchos problemas de salud aunque la gripe y los resfríos me persiguen mucho. Algunas veces se me complica con los bronquios, pero lo soluciono yo solo. Me curo con plantas. Utilizo molle, llantén y cáscara de guayacán, que es para los dolores de estómago. Porque cuando tenemos sed, mientras estamos cosechando naranjas y mandarinas, las tomamos calientes. Esto nos produce diarreas y retorcijones. Nosotros los varones la pasamos mejor que las mujeres. Ellas tienen problemas de cistitis por el calor. Utilizan malva y cola de caballo, pero no sé para qué. Cuando no me puedo curar hago dos o tres kilómetros para ir a la Posta Sanitaria, en donde me dan remedios gratuitos, si hay.
¿En la escuela saben que trabajas?
Algunos profesores sí, otros no. No nos apoyan, pero sí justifican las faltas a veces. Trato de estudiar en los tiempos libres para aprobar las materias, así no quedo de curso. Se debería crear un plan específico para los que trabajamos. Así se incentivaría el estudio.
¿Qué haces en los tiempos libres?
A veces juego a la pelota o ando en bicicleta. Se fuma y también se toma. En el pueblo fumar y tomar bebidas alcohólicas es un vicio muy común entre nosotros y también entre los grandes. No hay mucha diversión.
¿A todos los jóvenes les ocurre lo mismo que a vos?
Lo que me sucede a mí es lo que le sucede a la mayoría de los que trabajan como yo. Pero a mis amigas y compañeras se les suma otro problema como el embarazo en las jóvenes (él lo llama así al embarazo precoz).
En la actualidad no existe a nivel provincial, ni a nivel municipal un plan de asistencia para los adolescentes que trabajan, aunque la legislación sobre la prohibición del trabajo adolescente establecida en el Protocolo de Intención para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil firmado este año, establece como objetivo poner en marcha planes, programas y proyectos contra la toma de mano de obra infantil. Sí hay un programa que protege a chicos desnutridos hasta los 14 años.
La directora del Mini Hospital Dr. René Hilario Jaimez, ubicado en la localidad de Alijilán, explica que los trabajadores adolescentes rurales de Alijilán y Manantiales sufren enfermedades características del trabajo que realizan y la mala alimentación. “La enfermedad más común - nos explicó la doctora- es la hipoglucemia, que se da debido a la falta de azúcar. Los jóvenes consumen mucha agua por los calores que sufren en el cerco, lo que origina la eliminación de sales y azúcares. También ocurre lo contrario, es decir, no orinan por trabajar y esto les provoca problemas renales. Una buena alimentación evitaría las enfermedades que sufren estos adolescentes trabajadores”.

La otra cara de la moneda: los que dan trabajo
Son varios los productores que dan trabajo a los adolescentes en sus parcelas de tierra. Es común que familias enteras se trasladen de una provincia a la otra para la cosecha de la caña de azúcar, el limón, la naranja, el tabaco y los arándanos entre otras. Ellos son los trabajadores golondrinas.
Cuando llegan a las localidades de Manantiales y Alijilán, los hijos de estos trabajadores, en especial los adolescentes, trabajan junto a sus padres en tareas más livianas como machetear bajo los naranjos, desmalezar a mano los almácigos o regarlos.

Don Luis, un productor de la zona nos contó que “yo podría no darles trabajo, pero nosotros los productores somos concientes de que necesitan ganar dinero para cubrir las necesidades básicas que tienen. Pero a la vez nos damos cuenta que no se educan porque no tienen tiempo de concurrir a la escuela”. Don Napoleón coincide con Don Luis con respecto a la necesidad de dar trabajo a los jóvenes, pero advierte: “Los chicos de Manantiales y Alijilán deciden trabajar para ayudar a sus padres y para poder adquirir lo que necesitan -ropa, alimentación. Pero no tan sólo lo hacen en las parcelas y cuidando animales, sino también como cadetes de los comercios o como niñeras”.
Los productores argumentan que si no emplean a estos adolescentes -que se ven forzados a trabajar- “los chicos sufrirían carencias de todo tipo, porque lo que un padre de familia trabajador rural gana, no alcanza para cubrir la canasta de alimentos. Están prácticamente en la pobreza.” Por eso -dicen- les dan tareas livianas y en horarios que nos los afecten tanto las temperaturas. Comentan que evitan darles las pesadas mochilas cargadas de herbicidas para no dañarles las espaldas y para evitar cualquier tipo de accidente o intoxicaciones. Consideran que no es justo que estos adolescentes tengan que trabajar, pero negarle un trabajo, es negarles un sustento para ellos y sus familias.

Volvimos a Jorge, que nos dijo:
-Jorge, ¿piensas que es justo que un adolescente trabaje?
No, porque es ilegal. Deberían crear más fuentes de trabajo para nuestros padres y con buenos sueldos, así los chicos no tendríamos que salir a trabajar. Nosotros tenemos que elegir entre morirnos de hambre o trabajar para vivir. Además, como trabajamos, no podemos hacer las mismas cosas que los chicos que no trabajan. Ellos se divierten, juegan a la pelota. Nosotros, en cambio, no.